¿De Dónde Viene el Dinero del Gobierno?
El gobierno cuenta principalmente con dos principales fuentes de ingreso: los ingresos tributarios y
los no tributarios. Dentro de los primeros destacan contribuciones como:
· Impuestos (como el impuesto a las bebidas alcohólicas y el impuesto al ingreso)
· Derechos (como los pagos que se hacen por extraer petróleo, o al adquirir un permiso por
alguna concesión)
Dentro de los ingresos no tributarios, destacan:
· Venta de bienes y servicios que provee (gasolina, agua, electricidad, etc.)
· Deuda o ingresos por financiamiento, que se tienen que pagar en un futuro.
La principal fuente de ingresos del gobierno mexicano son los impuestos. A continuación
describiremos lo que son y cómo funcionan en nuestro país.
¿Qué son los impuestos?
Un impuesto o tributo es un pago al Estado, de carácter obligatorio, que consiste en el retiro
monetario que realiza el gobierno sobre los recursos de las personas y empresas.
La forma de gravar ha evolucionado a lo largo del tiempo y los sistemas fiscales se han hecho
cada vez más complejos. En parte, esto se explica porque los impuestos cambian la asignación
de recursos, lo cual genera efectos sociales y económicos importantes. Por ejemplo, los
impuestos reducen el nivel de ingresos de las personas y aumentan los precios de los bienes y
servicios. Su existencia se justifica porque en principio, el Estado le devuelve a la sociedad esa
extracción impositiva a través de bienes públicos, como la educación pública, los servicios como
la luz, la impartición de justicia y la seguridad. Sin embargo, obligados por la necesidad de tener
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recursos, el reto para los gobiernos ha sido afinar sus políticas de impuestos con objeto de no
castigar demasiado el ingreso y la marcha de la economía.
Por ejemplo, para no perjudicar a los que menos ganan, el impuesto se retira en forma
proporcional a la capacidad económica de quien paga dicho impuesto. Esto se logra con un
sistema de impuestos conocido como progresivo, donde quien más gana paga
proporcionalmente más impuestos.
Por el contrario, se dice que un sistema impositivo es regresivo si extrae proporcionalmente
mayores recursos a quien menos ingresos genera. Obviamente, un sistema regresivo no es
deseable porque es desproporcional y genera injusticia. Además de proveer bienes y servicios, el
gobierno debe procurar igualdad de oportunidades (de educación, vivienda, cultura, etc.) entre
los miembros de una sociedad.
Tipos de impuestos
El gobierno cuenta con dos tipos de impuestos principalmente: los directos y los indirectos.
Los impuestos directos se aplican de forma directa a la riqueza de las personas,
principalmente a sus ingresos o signos de riqueza como la propiedad de autos o casas. El
impuesto directo más importante es el impuesto sobre la renta (ISR). Debe observarse que
este impuesto es una extracción a los ingresos de las empresas y de los particulares.
En contrapartida, los impuestos indirectos afectan patrimonialmente a personas distintas
del contribuyente (aquél que le paga al fisco). En otros términos, el contribuyente que
enajena bienes o presta servicios, traslada la carga del impuesto a quienes los adquieren o
reciben. Dentro de éstos se encuentran el impuesto al valor agregado (IVA, impuesto al
consumo de las personas y empresas) y el impuesto especial sobre producción y servicios
(IEPS, impuesto a gasolinas, alcoholes y tabacos). Por ejemplo, el IVA grava el valor que
se le agrega a la mercancía en su proceso de producción y se genera cada vez que
compramos algún producto.
Características de una buena política tributaria.
Aunque no hay consenso sobre las características específicas de todo sistema tributario,
existen lineamientos generales que favorecen su buen funcionamiento, entre los que
destacan:
• Interferir lo menos posible en la eficiente asignación de los recursos; es decir, no es
deseable que estimule la producción de un bien en el cual el país no sea competitivo, en
detrimento de otro en el que sí lo sea;
• Tener una administración sencilla y relativamente barata;
• Ser flexible, para responder fácilmente a los cambios en las circunstancias económicas,
políticas y sociales;
• Cumplir con los principios de equidad (trato igual a los iguales) y proporcionalidad
(atender a la capacidad contributiva), es decir, debe ser un sistema progresivo.
• Mostrar transparencia, de forma tal que haya una clara vinculación con el gasto, con el
fin de que cada individuo sepa hacia dónde se dirigen sus contribuciones, qué tipo de
servicios está financiando, etc.
Caracterización de la política tributaria en México
En nuestro país, el sistema de impuestos es muy sofisticado y ha sido continuamente
modificado. Si bien la mayor parte de las reglas impositivas está diseñada para no interferir
en la asignación de los factores, existen diversos estudios que sugieren que nuestro sistema
continúa afectando su distribución. Veamos aquí brevemente los casos del IVA y el ISR.
En el caso del impuesto al consumo, existe la tasa cero y exenciones para una gran variedad
de bienes y servicios: animales y vegetales no industrializados, medicinas, alimentos, agua,
hielo, algunos insumos agrícolas y hasta los lingotes de oro. Este tratamiento preferencial
también se aplica a ciertos servicios vinculados a la agricultura, y como en casi todos los
países, a las exportaciones. Adicionalmente, está exenta la venta de varios bienes, de los
que se pueden mencionar los terrenos, libros, periódicos, acciones de empresas, casas
habitación (incluida su renta), colegiaturas de las escuelas, así como los servicios prestados
a partidos políticos, sindicatos, cámaras de comercio e industria, y también servicios
médicos y derechos de autor. La lista de excepciones es sorprendentemente larga. En la
frontera norte, por ejemplo, y debido al intenso intercambio con las ciudades del sur de los
Estados Unidos, la tasa del IVA es del 10 por ciento, mientras que es del 15 por ciento en el
resto país. Inexplicablemente esta tasa preferencial se aplica a la frontera sur, y a los
estados de Baja California Sur y Quintana Roo.
Además de esas excepciones para los que pagan el IVA, hay un factor adicional que explica
la baja recaudación del impuesto: su evasión. Sin contar a la economía informal, de la que
hablaremos más adelante, la ley complica la elaboración y presentación de facturas o
comprobantes. Al mismo tiempo, las posibilidades de deducción del impuesto, por el lado
del ISR, son muy restringidas, por lo que la solicitud de esas facturas es generalmente inútil
para el consumidor final. Al contrario, al comprador del bien o del servicio puede
convenirle la compra sin factura, si se traduce en una reducción del valor del mismo. Por su
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parte, el vendedor puede beneficiarse al no dar factura porque se ahorra el IVA que tendría
que acreditar frente al fisco y declara menos impuesto sobre la renta, al no registrarse la
venta.
En cuanto al impuesto sobre la renta, también existe una estructura particular que explica
que México recaude poco en comparación con otros países. Para las personas físicas que
realicen actividades empresariales, existen cuatro diferentes sistemas de tributación. Fuera
de aquéllos que reciben retenciones automáticas de sus salarios, en general el sistema es
complejo y se requiere de la asesoría o ayuda de un especialista para calcular el pago de
impuestos, lo cual eleva los costos (tiempo y dinero) de pagar impuestos y se presenta
como un estímulo para ingresar a la economía informal.
El primer sistema que vamos a describir es el régimen general. Ahí, los individuos deben
aplicar prácticamente las mismas reglas que las empresas para el cálculo de sus ingresos
sujetos al pago del impuesto, con la dificultad adicional de que deben tener una cuenta
bancaria diferente a la personal, por tenerse que distinguir el patrimonio personal del
empresarial. En este régimen, es muy común que los contribuyentes, debido a su
complejidad y alto costo administrativo y fiscal, se asocien con alguien para crear una
sociedad, se integren al régimen simplificado, al régimen de pequeños contribuyentes o, de
plano, al sector informal.
En el régimen simplificado, los individuos que trabajan en actividades como la agricultura,
la ganadería, la pesca, los bosques, las artesanías y el autotransporte, deben determinar sus
ingresos en un sistema de flujo de efectivo y aplicar la tasa del 35 por ciento (a lo que se le
aplican reducciones significativas). En este régimen existen grandes facilidades y vacíos
legales, por lo que la contribución de estos sectores es poco significativa.
El régimen de pequeños contribuyentes fue introducido en 1998 para incitar al sector
informal a registrarse ante la Secretaría de Hacienda, y se aplica para los individuos con
actividades empresariales que hubieren obtenido ingresos inferiores a dos millones de pesos
en el año anterior. Las tasas en este sistema se aplican de acuerdo con el ingreso bruto, pero
en realidad son poco significativas, con un máximo de 2.5 por ciento de impuesto al ingreso
bruto anual. En este régimen, lejos de incorporase aquéllos que se dedican al sector
informal, se han sumado quienes tributaban en otros regímenes más gravosos.
Finalmente, están los asalariados: aquí la retención del impuesto es inmediata y se hace de
acuerdo al nivel del salario. En este régimen se han reducido las tasas máximas de 55 por
ciento en 1987 al 40 por ciento en 1999, y se han eliminado al mismo tiempo varios niveles
de tarifas, ya que eran 28 en 1985 y ahora son 10 (1999). Con la disminución del número
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de niveles, se llega muy pronto a las tasas superiores del ISR: por ejemplo, a partir de 7,500
pesos mensuales brutos se paga el 32% de ISR. Si se compara con otro sistema, se puede
decir que el ISR pierde progresividad y deja de ser equitativo, pues mientras que un
asalariado que gana esa cantidad mensual tiene que darle al fisco la quinta parte de su
ingreso, en el régimen de pequeños contribuyentes, alguien que tuviera un ingreso mayor a
185,000 pesos mensuales, por ejemplo, pagaría el 2.5% sobre sus ingresos brutos. Lo
anterior puede agravarse todavía más si se considera la exención de ciertos ingresos, como
las acciones de bolsa o los CETES, por ejemplo, a los que solamente tienen acceso los
ricos.
Para los ingresos salariales, el gobierno ofrece dos ayudas. Por un lado, un subsidio al
impuesto a través del cual Hacienda compensa a los trabajadores que, con un nivel de
salario igual, reciben menos prestaciones en sus empresas. El objetivo es que los
trabajadores de ingresos bajos se compensen a través del sueldo neto por lo que dejan de
recibir por prestaciones. El subsidio se otorga de acuerdo con el nivel de ingresos del
trabajador.
Por otro lado, existe el crédito al salario que representa un bono que ofrece Hacienda después
del subsidio por prestaciones, nuevamente para reducir la carga fiscal. En pocas palabras, entre
el subsidio y el crédito resulta que los trabajadores que ganan hasta $ 2,028 pesos mensuales
(prácticamente dos veces el salario mínimo1) no pagan impuesto sobre la renta, y aquéllos que
ganan hasta cuatro salarios mínimos pagan cantidades simbólicas. Como veremos más adelante,
el costo fiscal de estos créditos ha generado algunas dudas (no completamente justificadas) a la
Secretaría de Hacienda para incorporar a la economía informal a su base gravable.
En realidad, los sistemas impositivos de ISR e IVA involucran a un buen número de mexicanos,
aunque no los que correspondería si tomamos en cuenta a la población en su conjunto. De
acuerdo con la oficina recaudadora, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) de la
Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el listado de contribuyentes activos fluctúa alrededor
de los 19 millones de personas (en un universo de 39.5 millones que componen a la población
económicamente activa). De ese total, 13 millones son asalariados cautivos. Los seis millones de
contribuyentes restantes son empresas e individuos que están dedicados a diversas actividades
económicas. Pero en general, la carga fiscal está muy mal distribuida: menos de dos mil
compañías representan el 65 por ciento del total recaudado por impuestos, mientras que los
asalariados contribuyen con aproximadamente el 10 por ciento del total.
Respecto a la administración y legislación de la recaudación podemos decir:
· El esquema legal es poco consistente y proporciona oportunidades para la evasión y la elusión
fiscales;
· Tiene una administración muy compleja, que implica muchos controles y obligaciones, lo cual
hace costoso y complicado para el contribuyente cumplir (diversas estimaciones calculan que
México gasta 10 centavos por cada peso que recolecta);
· Presenta un sinnúmero de privilegios y exenciones, lo cual le resta eficacia;
· El sistema en su conjunto muestra algunos problemas de falta de equidad y proporcionalidad;
· Posee baja flexibilidad para responder a los cambios de las circunstancias económicas,
políticas y sociales. Esto en parte se debe a la gran influencia que los distintos actores
económicos tienen en este proceso, así como a la diversidad de posiciones en el Congreso, lo
que ocasiona un lento proceso de negociación, cada vez que las circunstancias demandan un
cambio en la política fiscal. Debe reconocerse que esto sucede en la mayoría de las
democracias;
· No permite una vinculación clara y transparente entre la contribución de la sociedad y la
prestación de servicios públicos del gobierno. En México ha existido, por la ausencia de
procesos democráticos sólidos, un considerable retraso en la especificación el destino de los
fondos que provee la ciudadanía por medio del pago de impuestos. La falta de rendición de
cuentas por parte de los gobernantes ha dificultado que los contribuyentes sepan
correctamente en qué se usan sus recursos.
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¿Quién está pagando los impuestos en México?.
Vamos a responder esta importante pregunta para el caso del IVA, para lo que utilizamos la
Encuesta Nacional de Ingreso-Gasto de Hogares. Así podremos determinar si la estructura
del IVA es progresiva o regresiva. Para ello, utilizamos los deciles, que son una división de
la población en diez partes iguales de acuerdo con su ingreso. El primer decil es el 10 por
ciento más pobre de la población; el segundo decil agrupa al 10 por ciento que le sigue en
niveles de pobreza, y así sucesivamente se llega al decil X, que representa el diez por ciento
más rico de la sociedad.
Nuestras estimaciones toman en cuenta exclusivamente a las familias y sugieren la
siguiente estructura para el IVA.
Evasión
La evasión fiscal es una práctica común en la mayoría de los países. Para disminuirla
influyen una serie de factores:
• Una aplicación estricta y creíble de la ley, lo que implica capacidades de recolección y
fiscalización apropiadas;
• Un conjunto de castigos para aquéllos que evadan impuestos. El castigo debe ser lo
suficientemente alto para que se reduzca, en términos relativos, el costo de cumplir;
• Un sistema tributario parejo y menos complicado. La complejidad crea huecos en la ley
que hacen que la detección de irregularidades sea muy difícil. Asimismo, crea muchas
posibilidades para la elusión fiscal. La elusión fiscal, a diferencia de la evasión, es toda
acción que usa los vacíos de la ley para disminuir el pago de impuestos (es decir, la
elusión es legal).
fuente: http://www.presupuestoygastopublico.org/
